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Comunicación Política

La Corona en portada. Cómo encuadra la prensa española a la monarquía (2017-2023)

Trescientas noticias de seis diarios muestran que la prensa conservadora sigue siendo la gran valedora de la monarquía, pero sus críticas se han duplicado. La progresista, sin elogiarla, la ha hecho más visible.

Resumen

Este análisis examina cómo ha cambiado el tratamiento de la monarquía en la prensa española entre dos periodos con gobiernos de distinto signo: 2016-2017, con el Partido Popular, y 2022-2023, con la coalición encabezada por el PSOE. A partir de un análisis de contenido de 300 noticias de seis diarios (La Razón, ABC y El Mundo; El País, Público y elDiario.es), codificadas con 18 preguntas según la teoría del encuadre, se contrasta la hipótesis de que la Corona habría cambiado de valedores ideológicos. La hipótesis principal no se confirma: la prensa conservadora sigue siendo la más favorable. Pero sus noticias negativas pasan del 13 % al 33,3 %, mientras la prensa progresista apenas modifica su tono y, sin elogiarla, presta más atención a la vida personal de la familia real y a la sucesión.

Palabras clave: monarquía; comunicación política; framing; prensa española; Casa Real; análisis de contenido.

El 31 de octubre de 2023, el día en que cumplía dieciocho años, la princesa Leonor juró la Constitución ante las Cortes Generales. Fue un acto institucional cargado de simbolismo, cubierto durante semanas por todos los medios del país, y que llegó en un momento particular: una década después de la abdicación de Juan Carlos I, tres años después de que el rey emérito se trasladara a Abu Dabi en medio de investigaciones sobre su patrimonio y con un gobierno de coalición del que formaban parte partidos abiertamente republicanos.

Ese contexto motivó una pregunta sencilla: ¿habla hoy la prensa española de la monarquía igual que hace unos años? Y, sobre todo, ¿lo hace de la misma manera según su línea editorial?

Una década convulsa para la Corona

Los dos periodos analizados se sitúan en una década especialmente difícil para la monarquía española. En abril de 2012, el accidente del rey Juan Carlos durante una cacería en Botsuana reveló un viaje desconocido para la opinión pública en plena crisis económica, y el monarca pidió disculpas públicamente, algo sin precedentes. Al mismo tiempo, la investigación judicial del caso Nóos alcanzaba a su yerno, Iñaki Urdangarin, que acabaría condenado, y sentaba en el banquillo a la infanta Cristina, finalmente absuelta en 2017.

En junio de 2014, Juan Carlos I abdicó y Felipe VI fue proclamado rey. El nuevo reinado se presentó como una etapa de renovación, con gestos de distanciamiento respecto al pasado. En marzo de 2020, la Casa del Rey anunció que Felipe VI renunciaba a la herencia que pudiera corresponderle de su padre y le retiraba la asignación pública, tras conocerse informaciones sobre fondos en el extranjero. En agosto de ese año, el rey emérito se trasladó a Abu Dabi.

Entre ambos momentos, el 3 de octubre de 2017, Felipe VI pronunció un mensaje televisado tras el referéndum ilegal de independencia en Cataluña, en el que censuró la actuación de las autoridades catalanas y apeló a la defensa del orden constitucional. Fue probablemente la intervención política más relevante de su reinado y dividió la valoración de la Corona entre territorios y bloques ideológicos.

Ese recorrido explica por qué la pregunta es pertinente. Una institución que atraviesa escándalos, una abdicación, una crisis territorial y un relevo generacional en apenas una década es un terreno ideal para observar cómo cambia su encuadre mediático.

Por qué importa cómo se cuenta

La monarquía parlamentaria es una institución peculiar desde el punto de vista democrático. El Rey no es elegido, no gobierna y sus actos necesitan el refrendo del Gobierno. Su legitimidad descansa en la Constitución de 1978, pero su apoyo social depende en buena medida de su imagen pública: de la percepción de su utilidad, de la ejemplaridad de sus miembros y de su capacidad para representar a todos. A diferencia de un partido, la Corona no puede hacer campaña. Su imagen la construyen, en gran parte, los medios.

Medir esa imagen tampoco es fácil a través de las encuestas. El Centro de Investigaciones Sociológicas dejó de preguntar por la valoración de la monarquía en 2015, y desde entonces los datos proceden sobre todo de encuestas privadas con metodologías dispares. Analizar la prensa ofrece otra vía: no dice qué piensan los ciudadanos, pero sí qué relato de la institución reciben.

El marco teórico: agenda y encuadre

Dos teorías clásicas de la comunicación política guían este tipo de análisis. La primera es la del establecimiento de la agenda. Maxwell McCombs y Donald Shaw mostraron, a partir de las elecciones presidenciales estadounidenses de 1968, que los medios no dicen a la gente qué pensar, pero sí sobre qué pensar: los temas a los que dedican más atención son los que el público considera más importantes (McCombs y Shaw, 1972).

La segunda, más relevante para este análisis, es la teoría del encuadre o framing. Sus raíces están en la sociología de Erving Goffman, que estudió los marcos de interpretación con los que las personas organizan su experiencia (Goffman, 1974). Robert Entman dio al concepto su definición más citada: encuadrar es seleccionar algunos aspectos de una realidad percibida y hacerlos más destacados en un texto, de manera que se promueva una determinada definición del problema, una interpretación causal, una evaluación moral o una recomendación (Entman, 1993).

Aplicado a la monarquía, la pregunta no es solo cuánto se habla de ella, sino cómo: ¿se presenta como garante de la estabilidad o como un privilegio anacrónico? ¿Se habla de su función institucional o de la vida privada de sus miembros? ¿Se la compara con su pasado o con otras monarquías europeas? Holli Semetko y Patti Valkenburg identificaron algunos encuadres genéricos que aparecen de forma recurrente en la prensa (conflicto, interés humano, responsabilidad, consecuencias económicas y moralidad), y mostraron que su uso varía según el tipo de medio (Semetko y Valkenburg, 2000). Varios de ellos aparecen en la cobertura de la Corona.

Por último, la estructura del sistema mediático español importa. Daniel Hallin y Paolo Mancini situaron a España en el modelo «pluralista polarizado» propio del sur de Europa, caracterizado por un fuerte paralelismo político entre medios y partidos (Hallin y Mancini, 2004). Si ese paralelismo existe, cabría esperar que el tratamiento de la monarquía variara según la línea editorial y, quizá, según quién gobierna.

La hipótesis

Planteamos una hipótesis deliberadamente arriesgada: que la monarquía habría sufrido un cambio de valedores. La prensa de derechas, tradicional defensora de la Corona, se habría vuelto más crítica, y la de izquierdas, tradicionalmente más distante, habría pasado a respaldar sus acciones más recientes.

El razonamiento tenía cierta base. Por un lado, el reinado de Felipe VI se había construido sobre un discurso de renovación, transparencia y distancia respecto a los escándalos de su padre, lo que podía resultar más aceptable para lectores progresistas. Por otro, la llegada al Gobierno de una coalición que incluía a partidos abiertamente republicanos podía alterar la manera en que cada bloque mediático se posicionaba ante la Corona.

Cómo se hizo

El análisis se basa en 300 noticias: 50 de cada uno de seis diarios, seleccionados por su línea editorial. Tres de orientación conservadora (La Razón, ABC y El Mundo) y tres de orientación progresista (El País, Público y elDiario.es). En total, 150 noticias por bloque.

Se compararon dos periodos. El primero, los años 2016 y 2017, con gobiernos del Partido Popular y marcados por el proceso independentista catalán, incluido el mensaje del Rey del 3 de octubre de 2017. El segundo, los años 2022 y 2023, con el Gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos y marcados por la mayoría de edad de la heredera.

Cada noticia se codificó respondiendo a 18 preguntas cerradas. Algunas buscaban el tono (¿habla positivamente de la monarquía?, ¿negativamente?); otras, los temas (¿se aborda la sucesión?, ¿se cuestiona la legitimidad de la institución?, ¿se relaciona con las fuerzas armadas, con la juventud o con la Unión Europea?), y otras, los actores (¿se mencionan partidos nacionalistas, de izquierdas o de derechas?) y las comparaciones (¿con monarquías anteriores?, ¿con monarquías extranjeras?).

El método tiene limitaciones que conviene señalar. La muestra no es aleatoria ni representativa de toda la cobertura de cada diario, la codificación la hicieron estudiantes sin una prueba formal de fiabilidad entre codificadores y no se incluyeron medios audiovisuales ni digitales nativos de gran audiencia. Los resultados deben leerse como una aproximación exploratoria, no como una medición definitiva.

Resultados: el tono

En el conjunto de los dos periodos, la diferencia entre bloques es clara. En la prensa conservadora, el 51,3 % de las noticias hablaba positivamente de la monarquía y el 22 % negativamente. En la progresista, la proporción se invertía: el 41,3 % eran negativas y el 26 %, positivas. El paralelismo político que describieron Hallin y Mancini se observa con nitidez.

Pero lo relevante para la hipótesis era el cambio entre periodos.

Tono de las noticias sobre la monarquía por bloque y periodo
PositivasNegativas
Derecha 2016-17 · positivas56,0 %
Derecha 2016-17 · negativas13,0 %
Derecha 2022-23 · positivas46,7 %
Derecha 2022-23 · negativas33,3 %
Izquierda 2016-17 · positivas24,0 %
Izquierda 2016-17 · negativas45,3 %
Izquierda 2022-23 · positivas28,0 %
Izquierda 2022-23 · negativas37,3 %

Fuente: análisis de contenido de 300 noticias (2016-2017 y 2022-2023). El resto de noticias hasta el 100 % tienen tono neutro.

La prensa conservadora: misma lealtad, más críticas

En 2016-2017, la prensa conservadora trataba a la monarquía de forma abrumadoramente favorable: el 56 % de las noticias eran positivas y solo el 13 %, negativas. El contexto ayuda a explicarlo: el mensaje del Rey frente al desafío independentista fue recibido por estos medios como una defensa firme de la unidad constitucional.

En 2022-2023, las noticias positivas seguían siendo mayoría (46,7 %), pero las negativas se habían más que duplicado, hasta el 33,3 %. No basta para hablar de un cambio de valedores, pero sí de una lealtad menos incondicional. El análisis no permite distinguir si esas críticas se dirigían contra la institución en sí o contra actuaciones concretas, una cuestión que merecería un estudio cualitativo propio.

La prensa progresista: casi el mismo tono

En la prensa progresista, el cambio fue mucho menor. Las noticias negativas bajaron del 45,3 % al 37,3 % y las positivas subieron del 24 % al 28 %. Una ligera mejora, pero dentro de un tono que sigue siendo predominantemente crítico.

El País fue la excepción del bloque. A diferencia de Público y elDiario.es, habló de la monarquía en términos mayoritariamente positivos en ambos periodos (36 % de noticias positivas y 16 % negativas en 2016-2017; 52 % y 32 % en 2022-2023). Lo llamativo es que aumentaron a la vez los elogios y las críticas: la Corona pasó a ocupar más espacio en sus páginas, con valoraciones más marcadas en ambos sentidos. Su comportamiento lo acerca más a un diario institucional de referencia que al resto de su bloque ideológico.

La Corona sigue teniendo los mismos defensores, pero ya no los tiene tan incondicionales.

Resultados: los temas y los encuadres

Más visibilidad, más humanizada

Uno de los hallazgos más interesantes no tiene que ver con el tono, sino con la atención. Agrupando varias preguntas (si se menciona a más de un miembro de la familia real, si se destaca su vida personal, si se aborda la sucesión y si se relaciona a la monarquía con movimientos sociales), construimos un indicador de lo que llamamos presencia popular de la institución: cuánto aparece como protagonista de historias humanas y sociales, más allá de su función institucional.

El resultado fue paradójico. En el primer periodo, la prensa progresista ya daba a la monarquía algo más de esta presencia que la conservadora. Y en conjunto, los medios de izquierda dedicaron más atención a la vida personal de los miembros de la familia real (17,3 % de sus noticias frente al 15,3 %) y a la sucesión (26 % frente al 24 %). Sin elogiarla, la prensa progresista la hizo más visible y, en cierto modo, más cercana para sus lectores.

En términos de Semetko y Valkenburg, es el encuadre de interés humano: presentar un acontecimiento a través de sus protagonistas, sus emociones y su vida privada. Es un encuadre ambivalente. Puede servir para criticar (exponer privilegios, gastos o comportamientos poco ejemplares), pero también humaniza y normaliza a quien lo recibe. Para una institución cuya supervivencia depende de la identificación afectiva, ser tema de conversación no es necesariamente malo.

Comparaciones: con el pasado y con el extranjero

Esperábamos que la prensa conservadora recurriera más al factor nostálgico, comparando el reinado actual con el de Juan Carlos I. No ocurrió: ambos bloques lo hicieron en proporciones casi idénticas (en torno a una de cada cinco noticias). Donde sí hubo diferencia fue en la comparación con otras monarquías europeas: la prensa conservadora la utilizó casi el doble (21,3 % de sus noticias) que la progresista (12 %).

Esa comparación tiene una función argumentativa clara. Situar a la Corona española junto a las monarquías del Reino Unido, los Países Bajos, Bélgica o los países nórdicos, democracias consolidadas con altos niveles de bienestar, refuerza la idea de que la monarquía parlamentaria es compatible con la modernidad. Es un recurso clásico de legitimación.

Presencia de algunos temas en las noticias, por bloque
Prensa conservadoraPrensa progresista
Sucesión · derecha24,0 %
Sucesión · izquierda26,0 %
Comparación con monarquías extranjeras · derecha21,3 %
Comparación con monarquías extranjeras · izquierda12,0 %
Mención de partidos nacionalistas · derecha14,7 %
Mención de partidos nacionalistas · izquierda23,3 %
Monarquía y autonomías con identidad propia · derecha12,0 %
Monarquía y autonomías con identidad propia · izquierda16,0 %

Fuente: análisis de contenido de 300 noticias (150 por bloque), ambos periodos agregados.

Lo que apenas aparece: el territorio

Sorprende la escasa presencia de la cuestión territorial. Pese a que uno de los periodos analizados coincide con el momento de mayor tensión territorial de la democracia, solo entre el 12 % y el 16 % de las noticias relacionan la monarquía con las comunidades con identidad propia, y entre el 15 % y el 23 % mencionan a partidos nacionalistas. La prensa progresista dedica algo más de atención a ambas cuestiones, pero en ningún caso son dominantes.

Es una ausencia significativa. Uno de los argumentos centrales a favor de la monarquía parlamentaria es su función integradora: un jefe del Estado neutral que representa a todos los territorios por encima de las divisiones partidistas. Que la prensa discuta tan poco esa función, en un sentido o en otro, indica que el debate mediático sobre la Corona gira más en torno a las personas que en torno a su papel constitucional.

Implicaciones para la comunicación institucional

Los resultados sugieren algunas reflexiones sobre la comunicación de la propia Corona. La primera es que ya no puede dar por descontado el respaldo de ningún bloque mediático. La prensa conservadora sigue siendo favorable, pero ha demostrado que puede ser crítica; la progresista mantiene sus reservas, pero presta atención. En un sistema mediático polarizado, una institución que aspira a representar a todos necesita un relato que funcione con lectores de ambos lados.

La segunda es que la atención se dirige a las personas más que a la función. Eso convierte la ejemplaridad de los miembros de la familia real en el principal activo, y también en el principal riesgo, de la institución. Los escándalos del reinado anterior mostraron cuánto puede costar un error personal; el relevo generacional ofrece la oportunidad de construir una imagen nueva, pero también concentra sobre la heredera una exposición mediática muy intensa.

La tercera es que el debate sobre la utilidad de la monarquía (su papel como árbitro, su función representativa en el exterior o su contribución a la integración territorial) apenas aparece en la prensa. Si la Corona quiere apoyarse en esa utilidad, tendrá que hacerla visible, porque los medios no lo están haciendo por ella.

Cómo podría ampliarse el estudio

Este análisis abre varias líneas de trabajo. La más evidente es ampliar la muestra, incluyendo más noticias por medio, más periodos (en particular 2014, el año de la abdicación, y 2020, el de la marcha del rey emérito) y medios audiovisuales y digitales con gran audiencia entre los jóvenes. También sería útil incorporar una prueba de fiabilidad entre codificadores y técnicas de análisis automatizado de textos, que permiten trabajar con miles de noticias.

Otra línea prometedora es conectar el análisis de prensa con la opinión pública: comprobar si los cambios en el encuadre mediático preceden a cambios en la valoración ciudadana de la monarquía o, al revés, si los medios se limitan a reflejar lo que piensan sus lectores. Esa es, en el fondo, la pregunta central de los estudios de comunicación política.

Conclusiones

La hipótesis principal no se cumplió. La monarquía no ha cambiado de valedores: la prensa conservadora sigue siendo su principal apoyo y la progresista mantiene un tono mayoritariamente crítico. Pero los datos muestran tres cambios relevantes.

Primero, la lealtad conservadora es menos incondicional. Las noticias críticas en la prensa de derechas se han más que duplicado. La Corona ya no está a salvo de la polarización política que atraviesa al resto de instituciones.

Segundo, la prensa progresista la ha hecho más visible. Sin elogiarla, le ha dedicado más atención a sus personas, a la sucesión y a su relación con la sociedad. El encuadre de interés humano puede ser crítico, pero también normaliza.

Tercero, el debate es más personal que institucional. Ambos bloques hablan poco de la función constitucional de la Corona, de su papel territorial o de su relación con Europa. Hablan de los reyes, de la princesa y del pasado de Juan Carlos I.

Para una institución que depende de su imagen pública, estos cambios tienen consecuencias. Una monarquía que pierde el apoyo incondicional de unos sin ganar el de otros queda más expuesta que nunca a la percepción ciudadana de su utilidad y su ejemplaridad. La sucesión, que en 2023 empezó a ser un tema mediático, será probablemente el terreno en el que esa percepción se juegue en los próximos años. Valdría la pena repetir este análisis con una muestra mayor y medios audiovisuales para comprobar si estas tendencias se consolidan.

Bibliografía

  1. Entman, R. M. (1993). Framing: Toward clarification of a fractured paradigm. Journal of Communication, 43(4), 51-58.
  2. Goffman, E. (1974). Frame analysis: An essay on the organization of experience. Harper & Row.
  3. Hallin, D. C., y Mancini, P. (2004). Comparing media systems: Three models of media and politics. Cambridge University Press.
  4. McCombs, M. E., y Shaw, D. L. (1972). The agenda-setting function of mass media. Public Opinion Quarterly, 36(2), 176-187.
  5. Semetko, H. A., y Valkenburg, P. M. (2000). Framing European politics: A content analysis of press and television news. Journal of Communication, 50(2), 93-109.
  6. Corpus de análisis: 300 noticias publicadas en La Razón, ABC, El Mundo, El País, Público y elDiario.es en 2016-2017 y 2022-2023. Base de datos y libro de códigos de elaboración propia.

Procedencia del texto

Adaptación del trabajo grupal «Análisis comparativo: la opinión mediática de la monarquía», realizado para la asignatura de Comunicación Política (Universidad de Granada, 2023). Autores del trabajo original: José Manuel Álvarez Fernández, Miguel David Fernández Villarroel, Lara García Aparicio, Samuel García Díaz, Carlos Javier Rodríguez Rivera y Miquel Vaquer Forteza. La redacción de este artículo es de José Manuel Álvarez Fernández.

Cómo citar este análisis

Álvarez Fernández, J. M. (2026, 20 de octubre). La Corona en portada. Cómo encuadra la prensa española a la monarquía (2017-2023). Critical Meridian. https://www.criticalmeridian.com/articulos/monarquia-prensa-encuadres

José Manuel Álvarez Fernández

Graduado en Ciencia Política y de la Administración por la Universidad de Granada. Se forma en Relaciones Internacionales y escribe sobre política europea, seguridad internacional, geopolítica y comunicación política.

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